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Nuestro patrimonio despreciado, Murcia humillada.

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La historia de la Real Fábrica de Pólvora del siglo XVII en la calle Acisclo Díaz, antigua calle de la Acequia no ha sido motivo suficiente para que el edifico se haya declarado BIC (Bien de Interés Cultural) y tenga el grado de protección que merece. Así hemos llegado a día de hoy, en pleno siglo XXI con nuestra historia y patrimonio que se caen a pedazos. Monteagudo, la Contraparada, patrimonio huertano, castillos, edificios históricos, portadas, yacimientos, la cárcel vieja, etc..

Cada vez que paso con un grupo de turistas, haciendo la ruta del tramo urbano de la acequia mayor Aljufía donde contemplamos el patrimonio asociado a ésta, todos reaccionan igual: “con todo lo que hay en Murcia y qué mal lo conservamos”. Así piensan todos cuando conocen la historia del edificio. Un complejo industrial que fue mandado construir por el rey Felipe IV como dinamizador de una economía murciana que sufría por las inundaciones.

A todos sorprenden las dimensiones del recinto y nadie conoce la historia de la pólvora en Murcia, pues antes de esta fábrica ya existían sobre la acequia mayor del norte, la Aljufía, molinos en Javalí Viejo y Rincón de Beniscornia destinados a la fabricación de la misma en plena huerta. Un siglo después de la instalación en la calle de la Acequia, se construyó la fábrica de Javalí Viejo que sigue en funcionamiento en la actualidad, en manos privadas y fabricando otros sistema de percusión de armas. Es una empresa con mala fama pero que tiene tres turnos de trabajo cubriendo las 24 horas del día.

Así pues, vemos como la relación de Murcia con la pólvora es sustanciosa y hay motivos suficientes para que se prestara más atención. De hecho fue la única fábrica que suministró pólvora al ejército español durante la guerra de independencia contra los franceses, hecho que demuestra su valor histórico no sólo local sino nacional.

Los políticos murcianos parecen desconocer las oportunidades del turismo cultural, un sector en alza que aporta riqueza económica y cultural para locales y visitantes. Otras ciudades más avispadas tal vez, desearían tener un complejo de estas características para revalorizarlo y aprovechar la ocasión para el fomento de la educación y la cultura. Pero la realidad murciana da la espalda a tantas oportunidades que de nuestras señas nos van a quedar sólo los apellidos.

Siguiendo las reivindicaciones de asociaciones y colectivos sensibilizados con nuestras señas de identidad, como la Plataforma por la Defensa del Patrimonio Cultural de Murcia o Huermur, sueño con la revalorización de un eje cultural, que en realidad ya existe pero que se desconoce. Este eje cultural es el propiciado por el curso de las acequias Aljufía y Caravija que dan la razón de ser a tantos edificios peculiares del centro de Murcia alejados de la catedral. En esta ciudad no sólo hay iglesias, también tenemos un patrimonio industrial desconocido relacionado no sólo con la pólvora sino también con la seda, otros aspecto de nuestra cultura desconocido y que bien se merecería un reconocimiento histórico como debiera.

El edifico que se cae a pedazos podría ser un museo o centro de interpretación destinado a enseñar esa relación que tiene Murcia con la industria en el que se podrían contar varias cosas: la historia de la pólvora, la guerra de independencia de los franceses o el patrimonio industrial de la ciudad. En otras ciudades, con menos motivos te montan cualquier cosa a la que los turistas y escolares acuden para conocer y aprender y que sin lugar a dudas, dignifica a la ciudad.

Imagino a los turistas paseando por el entorno, por la antigua calle de la Acequia, con la acequia Aljufía descubierta ante el asombro de visitantes y el gusto de vecinos que verían cómo la acequia rebaja los calores veraniegos. Un poco más alejado empezaríamos por el Museo Salzillo, iríamos al jardín de la Seda, al Museo de la Ciudad, al Huerto de las Cadenas, a la Fábrica y jardín de la Pólvora, a la casa de los nueve pisos, al yacimiento de San Estaban e iglesias aledañas y cruzaríamos la Gran Vía hasta la universidad pasando por Santo Domingo y la calle Enrique Villar. Este patrimonio forma un eje cultural que debe ser fuente de riqueza cultural y económica para la ciudad. Hay historia e historias que aprender, hay cultura en Murcia a pesar de sus politicuchos.

No obstante, estamos acostumbrados al desprecio de la cultura en Murcia, los indicadores así lo demuestran, porque parece que gusta más el centro comercial a nuestros gestores políticos siempre pensando en el beneficio empresarial en lugar del bien común.

Antonio Sánchez

Guía Oficial de Turismo

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